El Cachorro siempre me ha impresionado. No solo por la fuerza de su rostro, sino por lo humano que hay en él. Cada vez que lo miro, tengo la sensación de que está a punto de respirar. En distintas obras he intentado acercarme a esa frontera entre lo sagrado y lo vivo. A veces desde la luz, otras desde el gesto o el silencio que deja después de mirarlo.
No busco repetir su imagen, sino entender qué nos conmueve tanto de ella. Qué hay en esa mirada que nos devuelve algo de nosotros mismos.
Estas piezas son parte de esa búsqueda.
Ediciones limitadas. Si una te detiene, probablemente sea por eso: porque también te está mirando.








